A pesar de que la Constitución de 1917, es letra muerta en muchos de sus apartados, ésta fue
celebrada el pasado lunes 3 de febrero. Ella fue golpeada en sus partes más importantes, como en
el artículo 123 que garantizaba grandes derechos para todos los trabajadores.
El Tratado México Estados Unidos Canadá llega a consentirse, pero siempre y cuando no se
observara la presencia de los sindicatos, que defendieran a los mineros, maestros, obreros,
burócratas. Fuera quedaron los aguinaldos, vivienda, vacaciones, plazas de base pues desde 1994,
todos los servicios profesionales, manuales, vigilancia, intendencia se solicitarían a las empresas
outsourcing y no a través de las figuras sindicales de los trabajadores.
Se tendrían, para laborar, contratos interinos. De un plumazo borraron aquel derecho que tenían
los maestros, electricistas, petroleros, telefonistas para proponer a algún familiar para que
ocupara el lugar que dejaran los jubilados. En el caso de los maestros, quien exige eso es Marko
Cortés, por ello hoy cobra como senador más de 200 mil pesos mensuales.
Nadie se salva, ni siquiera los trabajadores que hacen el aseo en Morena, son contratados
mediante outsourcing. El Tratado exige terminar con las pensiones o jubilaciones solidarias, ahora
todo corre a cuenta de las Afores, en el mejor de los casos, porque millones de campesinos,
jornaleros, indígenas, albañiles, comerciantes tienen acceso a las mismas, toda una tragedia,
desamparo acaba con las familias, cuando fallece quien estaba a cargo de las mismas.
Con el Tratado se exige que el subsuelo, con sus riquezas se regale a compañías mineras de EUA o
Canadá. Que las fronteras, playas sean lugares donde se permita ya la presencia de extranjeros,
que establezcan ahí su domicilio. Se condiciona la firma del Tratado, a cambio de que no se
observe lo que está planteado en la Constitución como el acceso a la salud, a la educación pues
esos dos derechos son una mercancía, al igual que la tierra. Y no se diga los servicios bancarios,
son extranjeros, por eso, hay una constante renovación de trabajadores bancarios, que ni de
chiste tienen un sindicato que los defienda.
Quienes promueven el tratado comercial, fácilmente con dinero, compran a los secretarios
generales, para que entreguen o traicionen a sus bases. Hoy, los que de milagro sobreviven, los
siguen engañando, diciéndoles que es posible echar abajo por ejemplo la ley del ISSSTE, volver a
disfrutar de las plazas automáticas al salir de una normal en el caso de los maestros y, o lograr que
los puestos vacantes por jubilaciones se entreguen a los hijos o gentes que ellos deseen a cambio
de cierta cantidad de dinero. (FR)

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