Por: Efraín Barrera
Pátzcuaro, como todo el territorio nacional, también tiene problemas de
inseguridad que preocupa y ocupa a las autoridades municipales; con un problema
tan extendido, lo raro seria que no lo hubiera; desafortunadamente el centro del
debate público sigue siendo la falta de una estrategia adecuada para enfrentar con
éxito a la delincuencia en todo el país; y el grave daño que se le hace a nuestra
democracia cuando hay omisión o complicidad del estado mexicano o de algunos
sicarios de la información morbosos que les gusta denostar o distorsionar la
realidad.
Parece imposible que haya alguna estrategia que funcione para terminar con los
grupos violentos que siguen sembrando el terror en el territorio nacional; los
delincuentes parecen invencibles. En el pasado reciente, en varias entidades el
crimen organizado gobernaba de facto; hoy en día, ya lo hace de forma
institucional y sigilosamente siguen conquistando territorios por el camino de la
legalidad, a través de partidos políticos u ocultos en organizaciones de la sociedad
civil (ONGÉS) con reconocimiento oficial, en un paulatino proceso de putrefacción
del estado mexicano que nos arrastra vertiginosamente a una inocultable
descomposición social.
Las cosas han empeorado tanto que nada se mueve sin la autorización del señor,
los aspirantes a cargos políticos ya saben que no es suficiente la base social ni el
espaldarazo de las cupulas de los partidos que los postulan, para competir y
llegar a la recta final de las campañas, incluso, a sabiendas que perderán la
elección. Son obligados a escoltar al bueno.
No han sido pocos los candidatos o presidentes municipales en todo el país, que
han sido paralizados para que no hagan campaña o asesinados por no pactar; o,
por negarse a entregar recursos a delincuentes o espacios en las estructuras
municipales, principalmente obras, tesorería y seguridad pública que son las más
codiciadas; de tal suerte que, para salvarse ellos y su familia, los ediles prefieren
negociar de rodillas ante la impotencia de poder enfrentarlos. Los partidos se
asombran cuando asesinan a sus militantes, pero con un morbo siniestro los
convierten en mártires invocando a la condolencia social para sacar raja política.
Los alcaldes en casi todo el territorio nacional están abandonados a su suerte.
Algunos se ven ante la imposibilidad de ejercer su gobierno apegados a los
marcos normativos y desempeñan su función bajo un estado de alta
vulnerabilidad; todo mundo sabe quiénes son, dónde viven y a cuál escuela van
sus hijos, incluidos los delincuentes; adicionalmente, son altos los niveles de
infiltración; y por si fuera poco, la debilidad de su equipamiento y estado de fuerza
los pone francamente en estado de indefensión.
A lo largo de los años, los criminales, además de saber cómo invisibilizar su dinero
también aprendieron muy bien las técnicas camaleónicas del camuflaje para
seguir operando con impunidad con protección oficial o sin ella(algunos incluso
con fuero); las estrategias promovidas por la DEA en complicidad con los
diferentes presidentes a lo largo de los últimos 100 años, ha sido un fracaso; el
consumo de estupefacientes en México y en USA ha ido en aumento a pesar de
las alternancias políticas; no ha sido suficiente la detención de grandes capos
ni el combate desde la reacción policial, ya ni decir de los abrazos y no balazos;
acciones tras de las cuales siempre se ocultaron acuerdos en lo oscurito entre
capos y negociadores del gobierno de Estados Unidos para canjear impunidad
por información; por la parte mexicana los elementos de negociación siguen
siendo gobernabilidad y corrupción, pero nunca la intención de extinguirlos
mientras sean aliados. Dice el pueblo sabio que los del PRI fueron los jefes, los
del PAN los aliados, esperemos que los de MORENA no resulten ser los peones.
¿y los ciudadanos? como siempre; las víctimas.
Lo cual, les ha permitió pervivir por décadas y expandirse a nuevos territorios. Hoy
en día ya no hay entidad de la república que esté libre de grupos criminales,
algunos con presencia regional y otros con presencia nacional e internacional.
¿Pero quiénes son los responsables además del gobierno?, ciertamente la
criminalidad es un tema multifactorial y complejo, pero hoy me ocupare de los
partidos que son los filtros principales y el primer peldaño para llegar al poder
público.
Los partidos políticos (de todos los colores); no acostumbran bajar la cortina a
candidatos lúgubres permitiendo a sus dirigentes un manejo pervertido de las
membresías; tampoco las autoridades electorales actúan con objetividad; voltean
para otro lado ante documentados fraudes electorales y elocuentes transgresiones
a la ley, o se muestran reacios para aceptar reformas, que frene, en primera
instancia, este peligroso proceso de descomposición de la vida pública.
La obviedad con que actúan los partidos no resiste un análisis somero ni deja
lugar a dudas de los Intereses creados en su vida interna a la hora de tomar
decisiones; la corrupción es un componente imprescindible de su modus operandi
y los ubica fuera del interés supremo de la sociedad y del espíritu democrático de
nuestra constitución.
Se puso de moda fundar partidos políticos como negocio, con el único objetivo de
crear burocracias doradas y mayorías ficticias que empoderan a minorías por
encima de su capacidad electoral; en esencia han perdido el espíritu constitucional
de garantizar a las mayorías derechos democráticos; el sectarismo está en el ADN
de los liderazgos formales como un mal consuetudinario. Carece de lógica que los
partidos políticos hablen de austeridad, pero permiten que sus dirigentes vendan
candidaturas y sus candidatos compren el voto y sean los responsables directos
del encarecimiento y prostitución de nuestra democracia.
Todos los partidos en sus documentos básicos dicen defender principios
democráticos, pero algunos dirigentes llevan décadas haciendo lo contrario,
convertidos en caciques de las membresías partidarias que son de los
ciudadanos; viviendo con privilegios de las prerrogativas y del chapulineo. Hay
otros impresentables que desde el clandestinaje los siguen manejando como
empresa familiar quitando y poniendo dirigentes a modo y tomando decisiones
para seguir ordeñando la ubre y vivir sin trabajar.
Dentro de la actividad parlamentaria se han hecho normales los debates con
discursos exacerbados, aderezados de transparencia, soberanía y democracia;
incluso, cuando han faltado las palabras para fortalecer su narrativa, han llegado
al extremo de desvestirse en tribuna para convencer de la nobleza de sus
intenciones; no obstante, sus hechos los desnudan con innegable contundencia
cuando se trata de administrar bienes ajenos. Hágase señor tu voluntad en los
bueyes de mi compadre.
Los endebles mecanismos de control del gasto de los partidos políticos y la
corrupción galopante permiten a los dirigentes dar un manejo discrecional a las
prerrogativas, lo cual propicia insuficiencia de recursos para campañas;
obligando a los candidatos a empeñar su proyecto con aliados de cualquier
catadura.
Son tan altos los niveles de prostitución de las campañas que los partidos ven el
voto ciudadano como mercancía; en cada proceso electoral los candidatos
requieren más recursos para competir; más aún, si pretenden ganar. La célebre
frase de político sin dinero pobre político se eleva a categoría de realidad cruda y
angustiante cuando los votos te dan la victoria y te la arrebatan en tribunales,
hasta dónde llega la mano generosa de los mercenarios de la política.
ojalá el “arquitecto” harfuch construya mejor el segundo piso porque los
temblores en Washington no merman y las olas expansivas están pegando fuerte
en palacio nacional.
Hasta la próxima.