Fidel Rodríguez Ramos

     El gobierno revolucionario de Tata Lázaro, nacionaliza los ferrocarriles que manejaban empresarios extranjeros de Estados Unidos e Inglaterra, con ello cambia la suerte para millones de personas, pues ahora ya no caminarían horas para llegar de un lugar a otro, las comunidades fácilmente se comunicarían por medio del telégrafo.

    Las vías del tren quedaban a pocos metros de mi casa materna, de las orillas del lago patzcuarense, y por ello me toca conocer muchas cosas relacionadas con ese medio. Por la mañana llegaba el tren de México, y nuestros vecinos ofrecían café, canela, tortas, pan, tacos, gelatinas, tamales, pozole a los pasajeros.

  El pasaje era barato y me gustaba viajar a Uruapan, el  inspector  de boletos ofrecía refrescos, cervezas. Antes de llegar a la Perla del Cupatitzio aparecen marchantes de guayabas, cirguelas, caña de castilla, chirimoyas, plátanos morados, amarillos de aquellos que desde el Caribe trae Vasco de Quiroga.

    Por la noche salía la corrida a  la capital, era un tren moderno de diésel que arrastraba el carro “pullman” para dormir plácidamente, nosotros debíamos viajar en la llamada segunda clase, y no nos preocupaba pues en ellos ya eran inexistentes las duras bancas de madera. Los vagones eran prácticamente asaltados por comerciantes de toda la ribera que llevaban todo lo imaginable: gallinas, petates, chayotes, chundes de pan, pescado, frutas, artesanías. Esos recorridos se convierten en verdaderos mercados ambulantes, pues en Maravatío se nos ofrecen verdaderas delicias de pan, las acámbaritas.

   Cuando había máquinas de vapor, sus vagones de carga llevan muebles de palma hasta Aguascalientes a la Feria de San Marcos y Tamaulipas. Todos los granos, las cosechas de las antiguas haciendas se conducían a varias partes del país. Había en la Estación instalaciones para recibir y acomodar ganado de tierra caliente, en carros especiales. Durante los tiempos de la cosecha del melón, éste era transportado en unidades con sistemas de refrigeración hasta Norteamérica, la fragancia de esa fruta deliciosa no pasaba desapercibida.

     Ese transporte dinamizaba la economía, daba el sustento a miles de gentes, y con la explotación del hierro, con la Siderúrgica Lázaro Cárdenas Las Truchas se vuelve un medio valioso, estratégico, sentíamos orgullo cuando llegaba el Tren Presidencial.

    Sin decir “agua va” el expresidente Ernesto Zedillo Ponce de León lo vende a los gringos, y por supuesto sin consultarnos. Antes de que eso pasará una señora me dice: “Mi hijo es telegrafista, sabe inglés y en la oficina se pusieron a hablar sobre la venta de nuestros ferrocarriles, denuncie eso en su semanario”. Así lo hicimos, después la misma persona comenta: “Ya no le puedo decir nada, se dieron cuenta que se fugó la información, ahora siguen hablando en su presencia pero lo hacen en idioma japonés”.

    Y sí, ahora gran parte del sistema ferroviario, lo disfrutarán, mínimo cien años, empresarios foráneos que desean una vía directa, sin contratiempos u obstáculos desde la costa michoacana del Pacífico hasta Canadá, en agradecimiento a Zedillo, los compradores lo contratan como empleado suyo, con el cargo de garrotero  en los Estados Unidos.

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