Fidel Rodríguez Ramos
La nación mexicana, no puede seguir siendo la misma, indiferente ante los dolores de sus hijos, la violencia sobre todos no se ha detenido, el llanto, la impotencia, el clamor por la justicia desatendida nos debe llenar de vergüenza, la soledad, desatención, comerse los atropellos es lo único que tenemos, prevalece el sentimiento de que nada se puede hacer.
Nada se puede hacer frente a una larga lucha que ha sido ignorada, una huelga que ya pronto cumplirá quince años, ésta se inicia en el mineral de cobre de Cananea, donde existe uno de los yacimientos más grandes de cobre en el planeta, la mina fue nacionalizada, era nuestra, pero no faltó la arbitrariedad del expresidente Carlos Salinas de Gortari para privatizarla, dársela en oferta a su amigo Germán Larrea por solamente 475 millones de dólares, siendo su precio real de dos mil millones de los verdes, al ser el nuevo “dueño” Larrea empieza a hostigar a los mineros de la sección 65, a rebajar su contrato colectivo, volviendo más inseguras, peligrosas las labores, ellos los barreteros no tuvieron de otra que declararse en 2007 legalmente en huelga, nada de eso valió pues otro expresidente Felipe Calderón envía militares disfrazados de policías para desalojar a los huelguistas que fueron desconocidos, la histórica mina que da origen a la Revolución de 1910 se reabre con otro nombre, se recontrata a un nuevo personal.
Los mineros no se quedaron cruzados de brazos, llevaron su queja a tribunales nacionales y extranjeros, ésta no tiene éxito y no les quedó otra alternativa para hacerse escuchar debieron tomar las vías de comunicación. Muchos de los hijos de los huelguistas interrumpieron sus estudios universitarios, para trabajar o acompañar a sus papás en las actividades de protesta. Cananea parece un pueblo fantasma, no hay agua suficiente para la población que sufre el envenenamiento de sus mantos freáticos, no tiene el acceso al gas que es primordial en esa área donde son comunes las nevadas. Muchos mineros han fallecido, la silicosis que padecían en sus pulmones, los volvió más fáciles víctimas del Covid-19. Aún con el cambio de régimen de gobierno, la Secretaría del Trabajo, presidido por una mujer se niega a resolver esta injusticia tremenda.
Nos ofende, nos rebaja a todos en nuestra dignidad los constantes ataques a los normalistas de Ayotzinapa, Guerrero no ha bastado la muerte a balazos de dos chamacos en la autopista del sol en el 2013 cuando exigían la solución de simples demandas, como la no afectación a la escuela pública, recursos para sus prácticas y comedores. El tiempo, creen los enemigos de la juventud, del recurso más valioso que puede presumir cualquier nación civilizada, borrará según ellos, la salvaje agresión que contra los normalistas se produce en el 2014, nadie sabe, supuestamente cosa alguna, sobre la desaparición de 43 futuros maestros, eso hasta hoy con toda la tecnología, recursos humanos, materiales, relaciones, nuevas autoridades se ha podido aclarar, no desaparecieron cosas simples, sino seres humanos como usted o yo. Increíblemente se les sigue agrediendo, pues para el poder es un crimen exigir que se aclare un hecho vergonzoso, que no tiene nombre, que es una mancha para la humanidad.