Fidel Rodríguez Ramos
Antes de las elecciones del 2018, cuando Andrés López Obrador, Antonio Meade (PRI) y Ricardo Anaya (PAN), buscaban ganar la presidencia, la gente, los grupos organizados en la región del lago mostraban dos tendencias, la primera se relacionaba con la no participación, se decía que no era justo que las población se enlodara en un proceso donde una vez más el pueblo, la sociedad sería burlada, donde los explotadores, ladrones, mentirosos, vividores se saldrían con la suya, la de burlar la voluntad popular, la necesidad de un verdadero cambio, esa corriente llamaba por todos los medios a no participar.
Estuvimos en ese debate, crítica y mencionamos que había mucho de verdad en esa resolución, pero que no la compartíamos, pues gracias a la actividad de millones de gentes, a la lucha continua que ya llevaba cincuenta años, de estar en las calles, plazas y carreteras, tras haber compartido los movimientos de obreros, pescadores, comerciantes, campesinos, maestros, colonos, amas de casa, comuneros, se había construido una alternativa, la posibilidad de hacer algo por el país, por los millones de gentes que clamaban por darle la vuelta a los gobiernos que continuaban engañando, robando, masacrando impunemente al pueblo.
Tanto sacrificio, no participar en las elecciones significaba dejar la mesa servida a quienes nunca habían salido a las calles para protestar, condenar el rumbo adverso que se llevaba en perjuicio de todos. Comentábamos que efectivamente si votábamos por el Movimiento de Regeneración Nacional (MORENA), realmente las cosas no iban a cambiar de un momento para otro, que si ganaba Obrador éste iba a llegar atado de manos, sin la posibilidad de echar abajo por ejemplo la adversa situación de los maestros, de los trabajadores, de quienes habían sufrido los terribles efectos de la violencia.
No podíamos ser ingenuos, y propagamos la idea de que si ganaba la oposición, estos colocarían una soga alrededor de nuestro cuello y sin ningún miramiento la jalarían para quitarnos la vida; en cambio si ganaba Morena, teníamos la posibilidad de patalear, de tratar de quitarnos la cuerda para no ser eliminados. Decíamos, al no existir nada organizado, tras rechazar la llamada del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) para tomar las armas y cambiar un injusto modelo de vida, no teníamos la autoridad moral para condenar la pelea en las urnas, en ello veíamos la posibilidad de organizar a la mayoría del pueblo pobre, para solucionar sus justas demandas que también eran las nuestras.
Pasaron ya cuatro años, y no nos hemos unido, ni siquiera hemos tratado de conocer las propuestas de Morena, ignoramos lo que es la llamada Cuarta T; y los más lamentable, muchos y muchas que se creían feroces enemigas de las elecciones, que presumían de un alto carácter “revolucionario”, de no creer en la vía burguesa electoral terminaron como burócratas de los gobiernos que ganamos en los ayuntamientos, gubernaturas, se hicieron diputados, senadores.
A pesar de todo eso, en la región hubo un contundente apoyo a las propuestas de Obrador, se condenó el actuar de los expresidentes, se dio la confianza al presidente para que culminara su periodo hasta el 2024. Desafortunadamente en el último ejercicio para nombrar delegados a una reunión nacional se cayó en los mismos vicios que llegara a practicar la oposición actual: comprar votos, treparse a un movimiento que desde el fondo de sus personas repudian y condenan. (R. Ramos Fidel).