Fidel Rodríguez Ramos

    Don Miguel Hidalgo y Costilla, inicia con un puñado de hombres y mujeres una guerra de liberación, contra uno de los imperios más grandes del planeta, el español que nos mantiene en una esclavitud que se prolonga durante trescientos años. Nada de educación, libre trabajo, salud, tierra, vivienda hubo para millones de indígenas, jornaleros y gente pobre, esa situación aún nos sigue pesando, pues por ejemplo hoy más de dos millones de personas  no saben leer o escribir.

   Tenemos una industria poco desarrollada, y no nos hemos podido quitar de encima a otras naciones que en un tiempo fueron también poseedoras de grandes territorios en los cinco continentes. La guerra de los insurgentes como Morelos, Mariano Matamoros fue condenada por los españoles que vivían en México, por los hijos de ellos nacidos en la Nueva España, los criollos, por la jerarquía de la iglesia de ese entonces que llega al extremo de excomulgarlos.

  Hidalgo aprovecha grandes acontecimientos como la guerra de Independencia norteamericana que se quita de encima al imperio inglés, la revolución francesa fueron grandes ejemplos. En 1808 Francia invade España y esa fue la gran oportunidad para pensar en un movimiento libertario, en la necesidad de declararnos como una nación libre, pues si los franceses habían hecho prisioneros a las principales figuras del reino español que nos dominaban, nosotros podíamos recuperar nuestra soberanía, la oportunidad de darnos una organización propia, resguardando su territorio colonial.

   La propuesta no gusta a los poderosos de ese tiempo, a los comerciantes, empresarios mineros, a los dueños de extensos territorios. Quienes se agrupan fuertemente para impedir la unión de miles de gentes con la iniciativa que delineara Hidalgo en 1810, unen sus esfuerzos con los representantes de los monarcas, con los virreyes, con los militares realistas que con todo su poderío fueron incapaces de vencer a los insurrectos durante largos once años, en ese periodo llegan a morir miles de personas que se calcula entre doscientos cincuenta mil y medio millón, un enorme sacrificio que fue reconocido inclusive por muchos habitantes de España.

   El mundo entero entendió que los abusos de los reyes debían encontrar un límite, y este debía encontrarse en las Constituciones, en las repúblicas donde se reconocen los principales derechos de la humanidad, increíblemente el pueblo español impone esos recursos a sus emperadores, el hecho al aplicarse beneficiaba también a los mexicanos, pues existiría libertad de prensa, de opinión y creencias. Y más increíble, los potentados al ver amenazados sus intereses, sus propiedades, su dominio en México deciden en una jugada maestra ¡unirse a los pocos seguidores del movimiento popular de insurrección como Vicente Guerrero, Guadalupe Victoria!. El más feroz combatiente de los insurgentes, el moreliano Agustín de Iturbide, inteligentemente promueve la independencia con Guerrero, forman el Ejército Trígarante que pronto controla toda la Nueva España, se forma un gobierno donde los seguidores de quienes inician el movimiento en Dolores, Guanajuato son poco a poco hechos a un lado.  

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