Fidel Rodríguez Ramos

El pasado domingo, 26 de febrero, a las cuatro y media de la mañana fueron acribillados por soldados cinco jóvenes en Nuevo Laredo, Tamaulipas, después de que se habían divertido en algunos de los muchos antros que hay en esa población fronteriza y, como ya es costumbre, ningún medio de difusión, diario, estación de radio, página electrónica ha entregado, como es su obligación constitucional, una puntual relatoría, narración verdadera de los hechos, eso no sólo ofende a las víctimas, a los chamacos que apenas comenzaban a saber lo que es la vida en éste trágico territorio que es la República Mexicana, sino a toda la población que vive en un diario temor, donde la violencia se ha apoderado de calles, barrios, ciudades desde 1986, por poner una fecha, desde ese año nadie puede presumir de vivir sin miedo a algún ataque.

  En el año mencionado  visitamos Mazatlán con muchos jóvenes y, se nos advierte de no salir en la noche a los antros; sin embargo en pleno día, cuando paseábamos una camioneta se nos cerró, bajan unos tipos y exigen que nos identifiquemos. Igual en el caso de Nuevo Laredo que hoy mantiene en un coraje a millones de personas, a las pocas horas han corrido dos versiones que distorsionan los hechos.

  Por una parte, a los pocos momentos del sangriento suceso, el periodista José Cárdenas a nivel nacional, manifiesta que las fuerzas militares, después de un estruendo, se dirigen en esa madrugada, para observar una camioneta que circulaba a gran velocidad, sin luces y placas, que después se estrella contra otro auto, bajan los militares haciendo uso de sus armas, con el saldo mortal de cinco muertos y un sobreviviente, Cárdenas asegura que los tripulantes portaban ropa paramilitar como chalecos antibalas y se preguntaba de que como era posible que los jóvenes, circularan en una camioneta valuada en casi un millón de pesos.

   Después se da a conocer un video, imágenes de las gentes que viven en el lugar cercano a los hechos, quienes reclaman la actuación a los militares, éstos arrebatan un celular a un joven que tomaba imágenes, los soldados ante la irritación, reclamo de hombres, chamacos y mujeres realizan disparos al aire con sus fusiles para dispersar a los molestos vecinos. Instantes después se observa como a un subteniente se le agrede, cuando estaba tirado en el suelo con puntapiés en el cuerpo y cara muchas veces.

   El dos de marzo, en el mismo espacio que da cobertura a José Cárdenas, el fogueado periodista, Ricardo Rocha que valientemente cubre la guerra civil en El Salvador, pregunta al encargado de los derechos humanos en Tamaulipas, le narre como ocurrieron los hechos, el señor Ramos explica: “Los chamacos después de haberse divertido desde las doce de la noche en un antro, salen a sus domicilios en una camioneta, ésta es seguida a las cuatro de la mañana por varios carros del ejército, en un momento dado una de esas unidades se impacta contra la puerta trasera de la camioneta, para acto seguido disparar con sus rifles de alto poder al vehículo donde viajaban los infortunados noctámbulos”.

   Hay una innegable irritación social, cuatro militares han confesado que dispararon sin tener orden superior; el comando como se puede apreciar no estuvo a la altura de las circunstancias, o tiene la capacidad de manejar un hecho aparentemente fácil de controlar. Ninguna autoridad estatal, municipal de Tamaulipas estuvo presente. La Presidencia de la República ha prometido aclarar un asunto nada fácil que ha sido aprovechado por quienes disienten de la actual administración, de Morena y de la llamada Cuarta Transformación, nuevamente los medios, por diversas razones vuelven a dejar a la población en una preocupante duda.

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