Fidel Rodríguez Ramos
Después de lograr nuestra Independencia, nos pasamos de buenas gentes, consentimos que muchos gringos pobres, vivieran a sus anchas en Texas, se les dio dinero, tierras, instrumentos de labranza, semillas, animales.
Nunca imaginamos que nuestra generosidad ellos la iban a aprovechar para declararse libres de México, mordieron nuestra mano y pidieron al gobierno yanqui que los aceptara como una estrella más en su bandera.
Esto para México era inaceptable y al principio hubo una eficaz defensa del suelo patrio. A ello da paso la presencia avasalladora del gran poderío militar norteamericano, su ejército fácilmente ocupa todos los puertos oceánicos, los territorios del norte, sin oposición alguna los invasores estaban a las puertas de la capital de México.
Vergonzosamente nadie quiso organizar una defensa digna, los gobernadores se hicieron los desentendidos, se taparon los oídos para no escuchar los gritos de auxilio presidencial. Para orgullo nuestro Michoacán acude a la defensa.
Los dueños de grandes fortunas prefirieron esconderse con sus bienes.
El paso militar norteamericano era escuchado en Chapultepec, ahí sorprendidos, sin mostrar temor alguno estaban los niños cadetes: Vicente Suárez, Juan de la Barrera, Francisco Márquez, Fernando Montes de Oca, Agustín Melgar y Juan Escutia. La máxima autoridad del Colegio Militar de Chapultepec ordena abandonar el lugar, no tenía caso seguir combatiendo a un ejército profesional.
Confiados los gringos, hacen rechinar los portones que daban acceso a varios salones amplios. ¡No hay nadie! -Dijeron- Resulto más fácil de lo que pensamos ¡el país entero es nuestro! Quienes hacen esas exclamaciones,
observan un pequeño relámpago, después obscuridad completa.
El estruendo de la fusilería empieza a escucharse, los experimentados soldados invasores no pueden creer que, a bayoneta calada, cuerpo a cuerpo luchan contra unos niños.
Al verlos en el suelo no pueden ocultar una desilusión, una vergüenza por ver las sonrisas de los adolescentes muertos.
Quien estaba al frente de la toma enfurece porque nadie de los vencedores, puede mostrarle la bandera del Colegio. ¿Cómo voy a demostrar el triunfo sobre está fortaleza? Como sabemos Juan Escutia se envuelve en los tres colores patrios, se lanza al vacío para que nuestra insignia no fuera profanada.
Después de Chapultepec las puertas de México se abren, los yanquis exigen la mitad del territorio mexicano, la negociación se interrumpe pues las autoridades gringas
desean todo el territorio, y los Estados de Sonora, Chihuahua, Baja California, Tamaulipas, Coahuila, Durango ¡completos!
¿Qué se puede negociar con un fusil en la sien? ¿Qué batalla se puede organizar cuando todos prefieren huir, dejando a su suerte la Patria que los viera nacer? Al final se “conforman” con más de dos millones de kilómetros cuadrados.