Fidel Rodríguez Ramos

  Durante dos años, las gentes de muchas partes del país, las que han abandonado todo para procurarse un mejor futuro en las lejanas tierras norteamericanas, nos han enviado una importante cantidad de remesas, de dinero que se puede igualar a lo que han recibido el setenta por ciento de los mexicanos en los empleos formales e informales.

   Lo anterior ya se había notado, México sobrevive por esa heroicidad de quienes sufren en lugares nuevos, donde deben sortear un mar de dificultades, como no hablar un idioma diferente, hacer suyas nuevas tradiciones o costumbres, evadir a la migra, sufrir abusos, trabajar más  horas diariamente, no acceder a los servicios de salud, recibir burlas, ser discriminados, todo ello lo apechugan nuestras mujeres, hombres que son los más conscientes, lo más valioso que hay en nuestros pueblos abandonados, pobres, explotados de Oaxaca, Michoacán, Guerrero, Chiapas. Esos valientes cada mes, cada semana nos mandan miles de millones de millones de dólares, cosechados con lágrimas, sangre y sudor que vierten en los campos agrícolas, la  construcción, establos, en las fábricas, restaurants, hospitales.

    La miseria, para muchos y muchas de los que se han quedado aquí, sería más terrible, habría más desesperanza, pero ésta no llega a límites insufribles gracias a esos recursos que nuestros chicanos logran gracias a su labor que comienza desde la madrugada, muchas veces fría, lluviosa, con nieve. No es fácil, sufrir una deportación, ser aventado a Tijuana, para otra vez brincar o buscar el modo de volver a cruzar a esa tierra prometida. No es fácil vivir en una azotea, cubierto con cartones; hospedarse en algún garaje pagando una alta renta, bañarse a jicarazos, dormir en el suelo.

    Treinta millones de personas con fuertes vínculos mexicanos, hacen posible la fortaleza económica de la mayor potencia del planeta. Nuestros hermanos han organizado clubes para ayudar a los pueblos, comunidades, ranchos, colonias populares donde compartieron tantas cosas. En una ocasión se hace la fiesta de carnaval en Pátzcuaro, y se les manda imágenes de lo que ellos, por los dólares que mandaron fue posible hacer, agradecen ese gesto y devuelven otras donde se encuentran construyendo una vivienda, diciendo: ¡ gócenla raza después nos cuentan bien

  Más de diez millones de compas, mujeres de la República mexicana están esperando que el presidente Biden regularice su situación. Vaya nuestro reconocimiento hacia ellos, a quienes murieron dramáticamente en su intento por vivir dignamente, los admiramos porque también hacen posible nuestra existencia en muchos sentidos.

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