Fidel Rodríguez Ramos

   En noventa años, una minoría fue incapaz de destruir a nuestra nación, la tarea empieza en 1921 cuando muchos de los militares vencedores en el movimiento revolucionario, usaron en  su provecho al gobierno, acapararon tierras, organizaron industrias usando dinero, el crédito de las primeras instituciones bancarias de México, que muchas veces no regresaron.

  A pesar de que hubo un importante cambio social, económico, político las empresas nacionales, extranjeras que ya llevaban cuarenta años aprovechando los recursos valiosos del subsuelo, los bosques, tierras y aguas lo siguieron haciendo sin ningún problema, el poderío que alcanzaron les permite no pagar impuestos, desobedecer las leyes, gobernar abusivamente en sus dominios.

   Existía una minoría privilegiada, frente a un mar de pobres, eso era peligroso pues podía producirse otro estallido revolucionario. Gentes con mucha visión, impulsaron nuevas condiciones para empezar a construir un nuevo país, a partir de 1940 que beneficiaría, aún más, a quienes ya tenían amplias riquezas, negocios. Se logran importantes compañías como Pemex, Comisión Federal de Electricidad (CFE), Teléfonos de México (Telmex), poderosas siderúrgicas en Nuevo León, Michoacán, Ciudad Sahagún, se promueve el trabajo agrícola, la educación en todos sus niveles.

   Sin embargo eso empieza a derrumbarse con la llegada a la presidencia de Carlos Salinas de Gortari, quien obedeciendo a órdenes de instituciones como el Fondo Monetario Internacional (FMI), absurdamente vende, regala más de mil empresas valiosas como Telmex que convierte a su comprador en uno de los hombres más ricos del planeta. La fechoría salinista más grande, fue el habernos sujetado a los abusos de un Tratado Comercial México Estados Unidos Canadá (Tmec), que arruina la agricultura, la industria y el mercado interno que se entrega a las dos últimas naciones.  Quienes le suceden en el cargo a Salinas siguen con la misma práctica, llegando al extremo de entregar todo el sistema bancario a los extranjeros, los nuevos propietarios se dedican a obtener altas ganancias, como hoy donde en lo que va del año, han obtenido más de cien mil millones de pesos que inmediatamente envían a sus matrices de España y Estados Unidos, aventando unas cuantas migajas a  nuestra patria .

     A partir del 2018 esa realidad adversa empieza a cambiar, el nuevo gobierno pone un alto a los múltiples abusos que se padecían en CFE y Pemex, pues a las compañías extranjeras incrustadas en ellas se les entregaba gas, materiales a un precio muy por debajo de los mercados internacionales, y de no hacerlo en tiempo y forma, estábamos obligados a indemnizarlos. Hoy falta desarrollo, hay mucha pobreza, pero ello es posible superar, recuperando nuestra industria petrolera, la minería, la electricidad, aprovechando el litio, pero sobre todo impulsando una reforma fiscal que haga posible que paguen más impuestos las compañías, negocios que ganen más dinero, exitosas empresas que ni siquiera son mexicanas, quienes a sus anchas aprovechan valiosos recursos naturales como el agua, el oro, la plata, el cobre sin dar prácticamente nada.

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