Fidel Rodríguez Ramos

  Aunque se quiera ocultar, por muchos lados aflora una desbordada pobreza, que no debería de ser tan grave, como se observa hoy, teniendo todavía grandes recursos, riquezas que no sabemos por qué razón, una gran parte de las mismas, se decidieron entregar a una minoría de empresarios nacionales y extranjeros, que seguramente aprovecharon sus relaciones con  quienes pretendieron ser gobernadores, senadores, diputados federales, presidentes de la república, su dinero, que seguramente les ofrecieron durante sus campañas, hace a esa élite más poderosa, como fue el caso del empresario minero Germán Larrea a quien, no creemos que sea exageración, se le regala el yacimiento de cobre que existe en Cananea, considerado el más grande del planeta.

  Ese de un tiempo acá ha sido el quehacer político, el trabajo de quienes llegaron a ser representantes del pueblo, diciendo que estarían en el gobierno, tratando de construir un país más justo, menos desigual, donde se buscaría que todos tuvieran acceso a un trabajo, a una educación, a la solución de algún problema de salud, justicia o vivienda. Llegaron a ser autoridades pero para regalar, agua, tierras del subsuelo, petróleo; a gentes de España se les permite aprovechar las costas, playas de Yucatán, Baja California para instalar exitosos, redituables, selectos negocios de recreación y turismo, con sello de primer mundo, para gente millonaria.

  Nuestra clase política cree que el pueblo es ignorante, que no sabe cuál ha sido su sucia manera de conducirse siniestramente. Piensa que no nos dimos cuenta, de como llega su abuso a extremos inimaginables, al grado de que permitieron que muchos extranjeros vinieran a hacer negocio con el aire, con el sol, ¡con las piedras!. Nuestros presidentes de la nación ofrecieron, dieron permiso para que compañías extranjeras mineras extrajeran, a cambio de nada, siete veces más oro (en menos de veinte años) del que fueron capaces de sacar los españoles durante trescientos años (1521-1821).

  Tal comportamiento ha producido en muchos, desafortunadamente, una desmotivación para participar en la vida cívica, un desanimo que les hace decir: “Todos los partidos políticos son iguales”.  A eso apuesta el PRI, PAN y PRD para volver a ganar en el Estado de México y en Coahuila; apuesta también a una poderosa propaganda de 24 horas, para decir que el actual gobierno es lo peor que le ha podido suceder al país, a muchos nos ha convencido el argumento de que nada ha cambiado, de que todo sigue siendo lo mismo y ello en parte es cierto, pues es difícil cambiar en tan sólo cuatro años, una situación de violencia, corrupción, engaño, saqueo, desatención médica, educativa, desempleo, injusticia padecida durante más de ochenta años.

  Hace cuatro años en Pátzcuaro se evidencia el rechazo, repudio hacia el PRI, PAN, PRD y Morena, dando un voto de creencia a un partido desconocido que se ve como la mejor alternativa. Hoy eso no nos ha preocupado a quienes alardeamos, falsamente, de llevar una actuación política en beneficio de nuestros semejantes. Las mujeres, comerciantes han salido a las calles a protestar por delicados problemas SIN ADMITIR en sus filas a militantes de los partidos, desafortunadamente desacreditados, por estar en manos de eternos dirigentes.     

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