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Cuando llegaron los españoles a México, todo el camino hasta Tenochtitlán estaba sombreado,
lleno de árboles. En Michoacán en poco más de ciento veinte años, se ha extinguido, acabado el
ochenta por ciento de los bosques, últimamente por la sobrexplotación de los recursos acuícolas,
unido al calentamiento global, 70 por ciento del antiguo reino purhépecha muestra sequía.
En el año 2023 cayó un cuarenta por ciento menos de agua de lluvia, con respecto del anterior;
en Morelia 86 colonias tienen problemas para abastecerse, deben excavarse pozos más
profundos, uno de ellos cuesta siete millones de pesos. Veinte de los ciento diez pozos de Morelia,
han dejado de funcionar; ahora se debe excavar, para tener uno nuevo, a profundidades de 450
metros, que cuesta lo arriba señalado. Antes, uno a menos profundidad, costaba la mitad.
El 50 por ciento de todas las localidades de la cabecera municipal moreliana, sólo reciben dos
veces por semana el vital líquido. La presa de Cointzio que en gran parte abastece a la capital
michoacana, se encuentra a un 57 por ciento de su capacidad; un lugar privilegiado La Mintzita,
que hace tres décadas tenía superficie de 39 hectáreas, hoy está a menos de la mitad, donde se
surten 300 mil personas. Sus aguas están contaminadas, y la fuente que proviene de las zonas
serranas se han reducido, porque los bosques se han degradado. Cincuenta por ciento de los
recursos forestales, se han perdido por el cambio de uso de suelo. Además, se han incrementado
los cultivos de aguacate y frutillas rojas.
El río Balsas presenta problemas de sequía; las presas de Infiernillo, Tepuxtepec, El Bosque, Mata
de Pinos están a un 58 por ciento de su capacidad. Así lo difunde en el país, Ernesto Martínez
Elorriaga, sus datos son preocupantes: Por la falta de lluvia, se perdieron 58 mil hectáreas de
temporal, y los municipios más afectados fueron Churumuco, Huetamo, San Lucas, Tiquicheo,
Susupuato y Tuzantla.
Si hay algo espantoso en este mundo es estar sin agua, en Morelia no la tuvimos tres días, todo
el centro y fue una pesadilla no usar el WC, no bañarse, debimos ir hasta Los Filtros a hacerlo. En
Apatzingán en una ocasión debimos tomar agua enlamada, verdosa, no había más, al ingerirla,
nunca se me olvidará, fue experimentar, como si me clavaran millones de agujas. En Cancún, en
una colonia popular, tuve que lavar la ropa de la semana con 20 litros de agua; debimos hurtarla a
otro vecino. Eso, la falta de agua, ni a mi peor enemigo se lo deseo.
¿Cuántos árboles no se pudieran sembrar; cuantos pozos no pudiéramos tener; cuántos lagos,
ríos moribundos no se pudieran rescatar con los 70 mil millones de pesos que vamos a tirar el 2 de
junio, en un circo electoral?. Pero ya lo dijo el hijo, de quien nos distinguiera con su amistad en
Pátzcuaro, (QEPD), Arnaldo Córdoba, quien antes presidía el INE, Lorenzo Córdoba Vianello: “La
democracia es cara, y claro ya lo vemos hoy”. Próximamente será el orador de lujo, para apoyar a
Xóchitl Gálvez y “se supone” que el INE es apartidista.

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