Nuestro sistema, forma de vida, sigue dependiendo de la incomunicación, si hay democracia,
debe haber diálogo y éste todavía, desde hace más de dos mil años no se practica en muchos
lugares del planeta. En México se considera al diálogo como una muestra de debilidad, todos
ponemos nuestra raya para que se haga lo que deseamos.
La falta de comunicación permea todo, en los tres niveles de gobierno. No conocemos, por
ejemplo, qué en las escuelas, el director hable primero con su personal para ver cómo va a
funcionar el nuevo año lectivo, mucho menos se hace una junta con los papás. Y eso pasa en
cualquier institución, en nuestra propia familia, por ejemplo, cuando un hermano quita algo a sus
consanguíneos o papás, lo resuelve todo no hablándoles. Muchos divorcios se evitan, cuando un
consultor, llama al matrimonio para que abiertamente hablen el por qué desean separarse; en
doble A con la palabra sale uno de la trampa del alcohol.
En Pátzcuaro hay una difícil situación con el nuevo mercado, se asegura que éste detonaría un
desarrollo económico, y hoy debido a la situación que padece nuestro país desde 1980, eso no es
posible, pues el detonante de cualquier nación es la industria, el campo, los oficios. Como nos
quitaron esa posibilidad, en muchos lugares, como Pátzcuaro, muchos deseamos ser
comerciantes, prestar servicios de hotelería, venta de comida.
El nuevo mercado no funcionara, no porque tenga tres pisos, sino debido a que existe un cada
vez más extendido desempleo. En el país, por la falta de industria propia, todo lo que se oferta
proviene de China, de los Estados Unidos esa es nuestra tragedia.
Si México desea ser un nuevo país, por todos los medios, y más los gobernantes, deben procurar
el diálogo, recordar lo que se hacía en Grecia donde libremente, y no todos, en la plaza conocían y
decidían la forma de arreglar todos los asuntos. En Reflejo de Michoacán se decía que el partido
que hoy gobierna, no ha hecho en Pátzcuaro una reunión con su militancia, desde hace más de
seis años. (EFE)