El viernes 26 de septiembre se difunde en México, una información que sólo conocen unos
cuántos desde hace 11 años, y que se relaciona con la desaparición de los 43 normalistas de
Ayotzinapa. Estados Unidos gracias a la tecnología puede saber parte de las conversaciones que
realizan integrantes de un grupo delictivo, un 26 de ese mismo mes, pero del 2014, preocupados
porque uno de los autobuses que fletaban con estupefacientes, para llevarlo al Norte, había sido
tomado, sin saberlo, por los normalistas para llevarlo a su escuela, ello da lugar a que se les
persiga furiosamente. Heroína regularmente se trasladaba desde Guerrero hasta Chicago en
unidades de pasajeros, eso lo hicieron miles de veces sin que las autoridades americanas pudieran
detectar los envíos, a pesar de minuciosas revisiones con aparatos y perros entrenados para
detectar drogas y dinero.
Ingeniosamente la heroína se colocaba en los parachoques de los autobuses, éstos se cerraban
herméticamente, para ello se busca la colaboración de dos expertos en México y EUA, uno que los
sellaba en el primer país y otro en el segundo que los abría. Las conversaciones las captan
organismos de seguridad norteamericana y, a pesar de que el hecho se lo hacen saber a Enrique
Peña Nieto entonces presidente de nuestro país, hace caso omiso de esa información,
seguramente porque de investigarlas cuidadosamente, revelarían el involucramiento de
autoridades de primer nivel en Guerrero, en el campo del gobierno y fuerzas armadas. Hace días
se informa que tal autobús después de que se les quita a los estudiantes, pudo pasar sin problema
alguno por todos los retenes hasta llegar quizás a la Unión Americana.
Venenosamente, sin pruebas, un importante comunicador que llega a defender abiertamente a
Genaro García Luna, preso en EUA por sus ligas con el narcotráfico, a los diputados del PAN que
recibieron dinero para avalar la reforma energética de Peña Nieto, asegura que los chamacos
estaban involucrados con un cártel contrario al que enviaba heroína, por eso fueron incinerados,
sus cenizas aventadas a un río guerrerense. (Fidel R. Ramos)