Fidel Rodríguez Ramos
Desde siempre a Michoacán se le ha visto como un espacio donde sólo interesa apoderarse de
sus recursos naturales, sin importar el que la sociedad purhépecha quede ajena ante lo que
legítimamente es de ella. Para nadie es desconocido que los ayuntamientos, el mismo gobierno
estatal dependen de los recursos federales. Uruapan, Pátzcuaro, Morelia ante la falta de industrias
generadoras de empleo, ve como un elemento valioso el turismo.
En Uruapan hay vida económica gracias al cultivo del aguacate, éste valioso producto que tiene
como destino los EUA, agencias comerciales de ese país tiene una fuerte ingerencia, en cuanto a
calificar que sea un producto de alta calidad, sin considerar los efectos negativos de tal cultivo,
como el despiadado cambio de uso de suelos, el agotamiento de agua, los bajos salarios, nulidad
de prestaciones que reciben los cortadores de tal fruto.
La tierra caliente, Zamora, la costa del Pacífico son ricas por el desarrollo de su agricultura,
ganadería, comercio, por la existencia de grandes yacimientos mineros. Ello, contradictoriamente,
en vez de provocar una estabilidad social, ha generado una alta violencia. Pues empresas
extranjeras, grupos violentos controlan esos recursos. Michoacán sobrevive en gran parte gracias
a las grandes cantidades que año con año envían los migrantes.
Siempre el estado ha sido víctima de engaños, pues en una ocasión se llega a prometer una pista
de pruebas que construiría en Pucúan una marca de autos americanas. Igual se entrega un millón
de dólares a una empresa textil, que jamás hace realidad tal proyecto. A la costa, se le recomienda
el cultivo de higuerilla para producir combustible ecológico, por supuesto eso nunca se hace.
Ahora se anuncia la creación de un polo de desarrollo en Zinapécuaro, pero se considera que
para lo que se pretende, la cantidad de recursos económicos es mínima. La pobreza, el escaparate
de ella se encuentra en la misma capital michoacana, en sus portales, calles. La prestación de
servicios impera, al igual que los monopolios que han desaparecido a miles de pequeñas tienditas,
las grandes tiendas trasnacionales extinguen a muchas pequeñas y medianas empresas nativas.
Todo ello ha producido un fuerte desempleo, que se ha convertido en un caldo de cultivo para la
violencia que se ha cebado sobre el mismo pueblo.