Alma Gloria Chávez.
El reconocimiento de las múltiples infamias que hacen que una mujer se sienta violentada y
victimizada en su integridad, ha logrado, gracias al movimiento internacional de mujeres, que se
entienda y atienda como una violación a los Derechos Humanos, encabezando además la presión
necesaria para establecer medidas legales y políticas que refuercen acciones tendientes a la
protección integral de nuestro género.
Desde 1996, en distintos países del mundo dio inicio la campaña denominada “16 días de
Activismo contra la Violencia hacia la Mujer”, que inicia el 25 de noviembre y concluye el 10 de
diciembre, permitiendo a organizaciones diversas unir esfuerzos y demandar a sus gobiernos el
cumplimiento de los compromisos firmados durante las Conferencias Mundiales en favor de las
Mujeres.
Entre los logros más importantes en este sentido, están la Conferencia Mundial de Derechos
Humanos realizada en Viena, Austria, en 1993, donde se estableció que “la violencia contra la
mujer lesiona los derechos humanos”; la Declaración y Plataforma de Acción de Beijing, en
septiembre de 1995, donde se establece “la obligación de los gobiernos a perseguir y procesar a
los perpetradores de la violencia sexual contra las mujeres y niñas, en conflictos armados, como
criminales de guerra”.
Dicen por ahí que “Todo está dicho; pero como suele olvidarse, hay que volverlo a repetir.
Esto cabe, cuando recuerdo tantos diálogos, experiencias y reflexiones que entre mujeres de
distintas geografías y espacios regionales nos acercaron, hace más de treinta años, cuando apenas
se estaba identificando (o nombrando, porque había temor de hacerlo), eso que ahora se
reconoce como Violencia de Género; espacios de diálogo y reflexión que actualmente y de
acuerdo a mi percepción, resulta urgente volver a reanimar.
La campaña “16 días de Activismo…” incluye tres fechas que se conmemoran en todo el
mundo y que implican necesariamente a las mujeres: el 25 de noviembre, Día Internacional contra
la Violencia hacia Mujeres y Niñas”, acordado en el Primer Encuentro Feminista Latinoamericano y
del Caribe de Bogotá, Colombia, día en que se conmemora la muerte de las hermanas Mirabal,
asesinadas por la dictadura de Leónidas Trujillo en la República Dominicana, en el año 1960.
Esta fecha en particular (25 de noviembre) tiene carácter simbólico en memoria de las
hermanas Patria, Minerva y María Teresa Mirabal, quienes fueron asesinadas ese día (junto al
chofer que les acompañaba), en represalias por su activa oposición a la dictadura de Rafael
Leónidas Trujillo, que duraba ya más de 30 años en República Dominicana.
El 1º. De diciembre, Día Mundial de lucha contra el Sida, instituido por la Organización Mundial
de la Salud (OMS) el año de 1988. Fue cuando se reconoció que el Síndrome de Inmunodeficiencia
Adquirida se había expandido por el mundo y que las mujeres resultaron en buena medida
afectadas, convirtiéndose en portadoras del VIH en todo el orbe, al ser víctimas de violencia sexual
e intrafamiliar, que resulta la expresión más grave de la violación a los derechos humanos de las
mujeres.
Finalmente, el 10 de diciembre, conmemoramos el 77 aniversario de la Declaración de los
Derechos Humanos, proclamada por la Organización de las Naciones Unidas en el año 1948, de la
que nuestro país, México, es firmante.
Hace más de tres lustros, tuve la feliz oportunidad de conocer a Isabel González Gutiérrez,
nacida en Coalcomán y radicada en Uruapan, que estando en ese entonces jubilada del gremio
magisterial, vino a Pátzcuaro para presentar un libro de su autoría, dedicado especialmente a
invitarnos a ser partícipes en la construcción de mejores espacios y sociedades libres de cualquier
tipo de agresiones. Su título: “Por un Rostro sin Violencia”.
Siendo parte activa del Grupo Cultural “Netzahualcóyotl”, en la entonces denominada “perla
del Cupatitzio”, Isabel escribió pensando en la “necesidad, no de cambiar al mundo, ni de herir
susceptibilidades, sino de servir, ayudar, orientar y proponer” alternativas que nos permitan, a
mujeres y hombres, vivir en una sociedad sana, respetuosa, auténticamente democrática y libre de
toda forma de violencia.
En los testimonios que Isabel recogió en aquellos años, entendió y escribió que
inevitablemente, la violencia no nace con una criatura, sino que es un camino de aprendizaje.
Desde la más “tierna infancia”, toda persona aprende a relacionarse con lxs demás y con su
entorno, viendo cómo se relacionan los adultos. Niños y niñas aprenden a resolver conflictos
observando cómo los mayores los resuelven. Desde pequeñxs aprendemos a querer, a tolerar y a
comprender, si nos sentimos queridxs, comprendidxs y toleradxs. Y lo contrario: si somos tratadxs
con desinterés y violencia, adoptaremos un carácter desconfiado, temeroso, o agresivo y hostil. En
su libro, Isabel nos rebela que la violencia no se encuentra tan lejos como Bosnia o Afganistán,
sino que puede estar en nuestra propia casa…
El pasado 25 de noviembre, fue un día de remembranzas. Y como lo hemos venido haciendo,
lustros atrás, mujeres independientes y de colectivas y locales, hicimos acto de presencia en el
sitio que históricamente se reconoce como el del sacrificio de nuestra Patriota Gertrudis
Bocanegra, recordando y honrando el ejemplo de tan digna patzcuarense, de las hermanas
Mirabal, de las que nos acompañaron en tramos del camino y hoy se encuentran en otros planos y
de tantas mujeres dignas y valientes que laboran con toda consciencia, de distintas formas y en
distintos espacios, para contribuir a “dar forma” al otro mundo posible: libre de guerras y
controles patriarcales, colonialismos y fanatismos; incluyente, generoso y digno, equitativo y justo,
en el que la autonomía, la ayuda mútua y la paz sean verdaderas.
En el año 1994, siendo Relatora Especial sobre Violencia contra la Mujer en la ONU, Radhika
Coomaraswamy, declaró: “La inercia de los gobiernos es la primera causa de los avasallamientos
sufridos por las mujeres, además de la tolerancia y la permisividad que circundan los abusos de los
cuales ellas son víctimas, que permiten invisibilizar el problema”. Esto es: cuando una sociedad
calla, soslaya o evade denunciar cualquier acto de agresividad y lo “normaliza”, resulta también
responsable de que fenómenos como la violencia de género siga en aumento.
Sin embargo, nuestra convicción y esperanza resultan inquebrantables.