Adén Castro
Éste 25 de noviembre se celebra en el mundo, el rechazo a la violencia, que sufre quien hace el
milagro de traernos a este mundo. Las agresiones desde pequeños, a ellas, las aprendemos de
nuestros padres, de los mayores como Vicente Fox que les llama: “lavadoras de dos patas”. De
Jaime Rodríguez, El Bronco que después de divorciado de su mujer le dice que es un ser “muy
poderoso” y que le hará lo que quiera. De Carlos Salinas, que al terminar su gobierno se une a otra
mujer.
Yo me preguntó, sigue diciendo un adolescente de diez en la escuela preparatoria, que pensaba
una saxofonista oaxaqueña, al relacionarse con un exdiputado priista, que quien sabe por qué
razón envía a un sirviente para que le arroje acido en la cara.
La infidelidad de los padres siempre ha sido bien vista, aunque los niños tengan un año, saben de
ese traidor comportamiento del papá a su mamá. Mi madre, dice una jovencita, al saber de cómo
se perdía mi padre durante días, dejándonos sin comer, le exigía el divorcio y él le contestaba,
inténtalo y renuncio a mi empleo. Abandonamos a mi papá, estábamos pequeños y mi madre en
vez de pedir limosna, casa por casa se ofrecía para lavar ropa o trastes, con esas tareas nos
procuró el pan diario.
Un joven de secundaria, en una noche frente a una fogata me decía que sus padres eran
maestros, pero muchas veces su padre cobraba por su madre en las quincenas y, el dinero enterito
se lo gastaba en una sola noche. Eso les gustaba contar, a todos los cuates que aceptaban que
fuera con ellos de campamento, comentaban como se mordían los labios, apretaban los puños
viendo como su padre golpeaba a sus progenitoras.
Otro decía que su padre enfurecido aventaba todo de la mesa, cuando veía solo sopa. Le gritaba
a su madre ¿sólo esto, sabes hacer?. Y su mamá le contestaba al energúmeno ¿y qué otra cosa
quieres que te prepare si nunca me das un cinco?. Antes todas las madres aguantaban todo eso
porque no estudiaban o sus padres nunca las dejaban trabajar.
El colmo, me comenta otro adolescente, fue cuando su padre enferma gravemente, su mamá
encuentra trabajo en un hotel como recamarera, contenta les cuenta de su nuevo empleo y, su
padre rojo de coraje, le dice prefiero morirme a verte entrando como una cualquiera a trabajar
ahí, pues que irán a decir mis amigos. Claro por la falta de dinero, su padre se muere. Otro
chamaco se une a la plática preguntando ¿y por qué las mujeres no defienden a la Presidenta
Claudia? ¿Por qué no dicen nada por la muerte de diez mil mujeres en Gaza?, donde los israelíes
matan además a veinte mil niños. La verdad no supe que contestar.