Alma Gloria Chávez.
En el año 1998, un grupo de mujeres del Municipio de Pátzcuaro, luego de haber logrado un
lustro atrás, recuperar una fecha que la ‘Oficialidad’ de entonces ‘celebraba’ como Día
Internacional de la Mujer, pero que en realidad una gran mayoría de mujeres estaba ajena a los
festejos, e incluso desconocía la historia o el origen de ellos, decidimos conformarnos como
asociación civil, porque para entonces ya teníamos claro un propósito ineludible: trabajar a favor
de eliminar todo tipo de violencias contra la mujer y ‘recuperar’ la historia de esa fecha que se
había venido diluyendo en medio de discursos huecos y reiterativos, así como dignificar la
presencia de nuestro género, apenas visible en unas cuantas personalidades y en pocas páginas de
la ‘historia oficial’.
Para el año en mención, dejamos de ser ‘un grupo de mujeres independientes’, primero
denominadas Gertrudis Bocanegra (1992-94), para identificarnos después con la denominación:
Centro de Promoción para la Equidad de Género ‘María Luisa Martínez’, que posteriormente, en
1998, quedó legalmente registrado como CEPREG ‘María Luisa Martínez’, A.C. Un modestísimo
‘logro’ que nos llevó a darnos de alta en Hacienda (aunque nuestro trabajo siempre fue voluntario,
colaborativo y de coadyuvancia con Instituciones) luego de una tramitología que tuvimos qué
costear de nuestra bolsa y en cuanto pudimos acceder a recursos gracias a un proyecto
presentado a una organización internacional (“Semillas) y otro nacional (Sedesol) que dio
seguimiento al primero, fue que dejamos constancia impresa del trabajo educativo, de monitoreo,
de atención integral y del acompañamiento que es posible lograr, creando a la par “redes” de
colaboración con instituciones educativas, de salud y con mujeres que realizan promotorías y
gestorías diversas, en barrios, colonias y poblaciones aledañas.
Pero bien: en Pátzcuaro nos dimos cuenta del desconocimiento que había entre la población y
en particular entre escolares de cualquier nivel, de la independentista local, cuando fuimos ese
grupo (no más de 20) de mujeres independientes “Gertrudis Bocanegra” quienes decidimos
conmemorar en espacio público el Día Internacional de la Mujer y elegimos hacerlo precisamente
en la Plaza y junto al monumento erigido a Gertrudis Bocanegra y estuvimos a punto de ser
“retiradas del lugar”, ya que autoridades municipales arguían (así nos lo dijo un ‘emisario’) que
estábamos “cometiendo un desacato y creando un desorden contra el sitio y el monumento”, sitio
que habíamos barrido y lavado y monumento que habíamos liberado de cuerdas utilizadas para
comercio ambulante. Pero lo más grave: ni siquiera mencionaban el nombre de la mujer
representada en el sitio. “Si esto sucede con doña Gertrudis en un centro urbano de tanta
importancia cultural nacional e internacional -reflexionamos-, ¿qué tanto interés habrá, por parte
de quienes gobiernan, hacia doña María Luisa Martínez, la Patriota de Erongarícuaro?” Eso fue lo
que nos llevó a enarbolar su nombre y a honrar su memoria.
Hoy escribo para ella, como un referente en nuestra historia colectiva (de mujeres de la
Cuenca), estando próxima la fecha conmemorativa de su sacrificio: también fusilada como doña
Gertrudis, en el mismo año (1817), ocho meses antes que ella y siendo María Luisa mucho más
joven: ¡35 años de edad! En su pueblo natal, Erongarícuaro, hace cerca de cinco décadas, tuve la
fortuna de encontrarme casualmente en medio de un modesto, pero sentido acto cívico dedicado

a quien, el maestro de ceremonias, mencionó como “nuestra Patriota”. Y efectivamente, su
emocionada expresión, me llevó a sentir a esa mujer como parte de mi historia local y personal.
Hoy muchas personas sabemos que las mujeres siempre hemos estado presentes en el
acontecer histórico, y su ausencia de ‘las fuentes’ no corresponde a nuestra ausencia del proceso.
Por ello hay quienes, como nosotras, en ese intento de reivindicar las acciones patriotas y
valerosas de heroínas locales, tomamos su nombre para rendir permanente y modesto homenaje
a su memoria. O como afirmó la compañera Lupita (historiadora), cuando los emisarios
municipales llegaron a intimidarnos por realizar el acto por el Día de la Mujer junto al monumento
a doña Gertrudis: “Ustedes sólo vienen a traerle coronas, para asegurarse de que esté bien
muerta; nosotras seguimos su lucha de amor por la vida y por la libertad”.
Una breve misiva dirigida a la señora María Luisa Martínez, leída en una conmemoración de su
natalicio, fue nuestro homenaje para ella, hace varios lustros:
“Inolvidable señora: conociendo una breve biografía suya, en la que sólo encontramos
bosquejos de los últimos años de su vida, como esposa, como madre y como ardiente
simpatizante de las causas libertarias de la nación Mexicana, nada nos dicen de cómo transcurrió
su niñez y adolescencia, ni tampoco insinúan cuál fue el hecho o acontecimiento que encendió en
su alma el anhelo libertario. / Sabemos que nació y creció en el pueblo de Erongarícuaro en la
época Virreinal (21 junio de 1780), cuando a las mujeres sólo se les educaba para ser buenas
esposas, madres o monjas, o para estar al servicio de quienes tenían para pagar. Así que
seguramente no fueron estas prácticas educativas las que influyeron en usted, sembrando en su
conciencia ideales contrarios a la injusticia y discriminación tan comunes hacia la mayoría de la
población nativa de estas tierras -sobre todo- y con más rigor, hacia las mujeres./
La historia documenta que su matrimonio en 1799, a los 17 años de edad, fue con Esteban
García Rojas, a quien apodaban ‘El Jaranero’ porque vendía guitarras de manufactura artesanal en
su tienda de abarrotes y quien también poseía tierras de labor. Que fueron cuatro los hijos que
tuvieron y llevaron por nombres: Esteba, Crisóstomo, Genoveva y Luisa. Y ¡a saber cómo
transcurrió su vida entonces! Porque Erongarícuaro, aún siendo una población rural, más
simpatizaba con el gobierno realista que con el movimiento independentista./ Sobradas razones
tendría usted, señora María Luisa, si hubiese decidido ser solamente una mujer de familia en
época y situaciones tan adversas. Pero, precisamente, cuando el mayor de sus hijos contaba
apenas doce años y la menor cinco, Esteban y usted miraron con simpatía la proclama hecha por
don Miguel Hidalgo y Costilla para llevar adelante la lucha por la Independencia de México en
1810, y en 1814, con la llegada e incorporación de Xavier Mina a los afanes libertarios, usted y su
esposo ya tomaban parte en ella, haciendo llegar víveres, dinero y noticias a los guerrilleros de la
región./
Cuatro veces fue usted encarcelada y multada para hacerla desistir de sus convicciones, pero
ni Esteban ni usted lo hicieron./ Y así fue que la mujer joven y bonita -como se le describe-, esposa
y madre amante, dio también ejemplo de valor y patriotismo, siendo condenada a la ejecución, el
17 de enero de 1817./ Cuentan que sus últimas palabras, dirigidas al pelotón y al jefe realista,
fueron: ‘¿Por qué tan obstinada persecución en mi contra?… tengo derecho a hacer cuanto pueda
a favor de mi patria, porque soy mexicana. No creo cometer ninguna falta en mi conducta; sólo

cumplo con mi deber.’/ Este día le saludamos hermanadas en ideales, el Grupo de Mujeres ‘María
Luisa Martínez de Pátzcuaro”. Una de ellas, recordando a todas.

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