Que cosas no ha hecho realizar el alcohol, siempre una más mala que la anterior, para las cuales
no hay remedio, el abuso del licor, cerveza hace cometer acciones inimaginables, llega un momento en que el abuso de tales bebidas, hace olvidar lo que se realiza completamente alcoholizado. Se pierde el control de todo.
Hoy a México ha estremecido la nota que brota en Mexicali, Baja California donde el calor hace subir al termómetro. El pasado 3 de mayo, una madre acude a una reunión por noche, acude a la misma con su hijo de tres años. Sale a la misma, nos imaginamos qué a las doce de la noche, deja en el interior de su auto, en la silla portátil, a su pequeñito.


En la reunión se pone a beber, sale en la madrugada, aborda su unidad, llega a su casa y, con dificultad camina a su alcoba, despierta a las doce del domingo 3, entre sus recuerdos brota la imagen de su hijo, corre apresuradamente al coche, lo abre y encuentra a su vástago muerto, con quemaduras producidas por el fuerte calor, sufrido en doce largas horas, en manos y piernas.
Imaginemos el dolor de su madre, ante la imposibilidad de hacer algo. Y si como decíamos al principio, el alcohol hace perder la noción de muchas cosas. Lamentable esa tragedia, se produce por lo difícil que es dominar nuestras ansias, de beber ilimitadamente. No cualquiera tiene la
templanza maravillosa, que tienen muchos para paladear el fruto de las uvas, de la cebada, muchos nomás no han podido, se cae una y otra vez en una trampa mortal, y lo más cruel, no hay remedio para poner un hasta aquí al señor alcohol, pues quien padece alcoholismo sólo se cura venciéndose a sí mismo, decirse ya no. Solo así se cura esa mortal enfermedad, pues no bastan ni
los consejos de una madre, de los amigos, la mirada desaprobatoria de vecinos y transeúntes.

(B. OLO)

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