José Octavio Ferreira Rodríguez
Nuestra patria cada año tiene a bien honrar a los héroes que un cinco de mayo del año de 1862, pusieron un hasta aquí a las potencias extranjeras que ambicionaban nuestro territorio, ese día los invasores franceses sufren una sonada derrota frente al extraordinario militar Ignacio Zaragoza, quien desde muy joven, después de renunciar a sus estudios en el seminario decide ingresar a la carrera de las armas, cosa que le es negada.
Dedicado a las actividades comerciales, no duda en renunciar a ese quehacer para defender a la patria, en un momento delicado, cuando los norteamericanos nos declaran una injusta guerra. Después de ahí pone sus servicios en la defensa de las mejores causas que defendían los llamados liberales que rodeaban a Melchor Ocampo, Guillermo Prieto y Benito Juárez. La historia registra una acción valiente de Juárez, cuando la nación en ruinas decide declarar una suspensión de pagos, una moratoria frente a España, Inglaterra y Francia, las dos primeras naciones logran un acuerdo con México, que hace posible el que no recurran a las armas para exigirnos lo que debíamos, no fue así el caso con Francia que deciden asaltarnos.
Los enemigos de la patria deciden aprovechar la invasión, para imponer un rey europeo Maximiliano de Hasbsburgo, engañado con miles de firmas, que supuestamente demostraban nuestra conformidad para que viniera a gobernarnos, a pesar de tener un presidente legítimo, a Benito Juárez quien rechaza la invitación del príncipe austriaco ¡para que se integrara como parte de su “gabinete”!.
No hubo otra alternativa para el pueblo, nuevamente se debían tomar las armas para rechazar a Maximiliano y restablecer la legalidad juarista. Michoacán es escenario de sangrientas batallas y sacrificios en Tacámbaro y Villa Madero. Janitzio es fortificado. Los soldados de Juárez llegaban hasta Pátzcuaro, Pichátaro, Paracho, Quiroga para encontrar un refugio seguro.
Sin embargo la razón, la justicia se imponen hace ciento sesenta años en Puebla, un cinco de mayo cuando se esperaba a los ocupantes en los fuertes de Loreto y Guadalupe, ahí nuestros republicanos enfrentaron a los franceses. A las nueve de la mañana se lanza un disparo de cañón para anunciar el inicio de las hostilidades, a una guerra que no conoce descanso alguno, nadie daba ni pedía cuartel, al final el mundo se sorprende al conocer un extraordinario desenlace, ¡los mexicanos habían resultado ser vencedores!. Ese triunfo detuvo el avance francés durante un año, cosa motivante para que los amantes de la nación se organizaran y presentarán un frente unido para expulsar a todos los europeos, no sin antes fusilar a Maximiliano de Habsburgo.
En ese día memorable para todos, Ignacio Zaragoza dice lo siguiente: “Nuestros enemigos son los primeros soldados del mundo, pero vosotros serán los primeros hijos de México y os quieren arrebatar vuestra patria”. Ordena a Miguel Negrete dirigir la defensa por la izquierda; a Felipe Berriozábal por la derecha y a Porfirio Díaz que esté junto a él. Tras varias horas de lucha, la batalla no se decide, se enfrentan cuerpo a cuerpo mexicanos y franceses. Finalmente los invasores se retiran mientras Zaragoza grita: “Tras ellos, a perseguirlos, el triunfo es nuestro”. El ejército francés era considerado el mejor del mundo en ese tiempo, un ejército profesional con fama de invencible y de haber ganado batallas en Argelia y de haber entrado al Delta del Río Mekong en la Indochina Francesa (hoy República Socialista de Vietnam) al mando del general Charles Ferdinand Letrille Conde de Lorencez, era derrotado y masacrado estrepitosamente. Los indígenas del hoy municipio de Tetela de Ocampo del Estado de Puebla, con machete y cuchillo en mano, los persiguieron y acabaron con muchos soldados franceses, suavos (tropa de élite del ejército francés), belgas enviados por el Rey Leopoldo.
El informe que el general Zaragoza rindió sobre la Batalla de Puebla al Secretario de Guerra Miguel Blanco Múzquiz fue breve y significativo: ”Las armas nacionales se han cubierto de Gloria. Las tropas francesas se portaron con valor y su jefe con torpeza”. El presidente Benito Juárez sería informado más tarde.