Fidel Rodríguez Ramos
Suena duro, pero muchos mexicanos tenemos una tendencia enfermiza para copiar muchas de las cosas que se originan en el extranjero, una de ellas fue la llamada ecología, relacionada con el cuidado, mantenimiento de nuestro medio ambiente, eso, se nos olvida, desde hace mucho tiempo ya era practicado por ejemplo en Michoacán, donde los niños, en el Día del Árbol acudían con sus maestros a realizar una jornada de reforestación, el sencillo acto tenía un impactante efecto futuro para los que serían después adultos, el hecho se perdió, hoy pocas organizaciones, escuelas lo siguen haciendo.
Pero volviendo a lo arriba escrito, en Europa hace décadas surge un fuerte movimiento ecologista, la ola de los verdes que políticamente logran una fuerte presencia social, y pronto los mexicanos organizan el Partido Verde Ecologista de México (PVEM), que ciertamente se ha distinguido, pero por regalar cientos de miles de mochilas y o abrazar a los árboles.
Hace pocos años se publica como en la península de Yucatán, uno de los maravillosos cenotes, pozas de agua cristalina, la gente lo usaba como basurero. En esa región nos tocó ver plantaciones inmensas de palma africana que daña el entorno natural; igual había grandes criaderos de puercos; se abusaba en el uso de insecticidas, propiciando una catástrofe en la importante producción de miel, valorada a nivel mundial.
Hoy muchos se rasgan las vestiduras por el proyecto conocido como Tren Maya, pero nunca dijeron ésta boca es mía, cuando se enteran de como paradisiacos destinos turísticos del sureste se entregaron a empresarios españoles, italianos que construyeron grandes complejos hoteleros, sin que les importara destruir, contaminar fauna acuática, arrecifes, corales y manglares. Así alrededor de Tulum hay asentamientos populares donde el agua simplemente es un lujo inalcanzable. Antes de que estuviéramos en esa área el expresidente Enrique Peña Nieto fue a dar el primer banderazo para iniciar las obras de un ferrocarril, y nadie por supuesto se dio por enterado. Caminamos por Kalkini Campeche y grande fue nuestra sorpresa observar antiguas vías ferroviarias ocultas ya por la maleza.
En Michoacán, la envidia, ha propiciado un boom en la producción del oro verde, la anarquía, el desorden pronto provocará una seria catástrofe ambiental. Ya no nos conmueve saber que hoy el ochenta por ciento del territorio nacional padece sequía; nos es indiferente saber que de seguir así con ésta conducta de muerte, tendremos más enfermedades, peores a las del actual Covid-19, transmitidas al hombre por varias especies animales, quienes buscan con ello su propia sobrevivencia. Ya en Veracruz, en Acapulco, en muchos ríos está prohibido introducirse por la alta contaminación; la gente en muchas partes bebe agua con arsénico, como sucede en Sonora. No nos importa que a nivel mundial ¡cada segundo! perdamos media hectárea de selvas y bosques.
Todos y todas vemos esa lamentable situación, y la verdad no nos interesa, no deseamos ser ciudadanos, interesarnos por los asuntos que acontecen en nuestra nación. Entre quienes se oponen al Tren Maya hay gente valiosa como Albarrán del Grupo Café Tacuba, quien se entrega a la lucha con la gente de San Salvador Atenco, que perseguía la cancelación de un aeropuerto propuesto por Vicente Fox para no perder sus tierras Hoy una minoría, aprovecha nuestra dejadez, desinterés hacia el futuro de nuestros hijos, nietos para seguir aniquilando todo.