Alejandro Martínez Castañeda

La Unión de Cooperativas de Tacámbaro es un ejemplo de cómo la organización colectiva puede
transformar positivamente una localidad y una región. No solo impulsa el crecimiento económico,
sino que también promueve la equidad, la sostenibilidad y la preservación cultural. Su labor es
esencial para el desarrollo regional e integral, así como para para mejorar la calidad de vida de sus
habitantes.

En efecto, dicho Pueblo Mágico desde hace varias décadas construye un sistema socioeconómico
basado en el cooperativismo, convirtiéndolo en un polo de desarrollo cooperativo, reconocido a
nivel nacional e internacional, ya que se trata de una experiencia que ha probado que las
cooperativas pueden ser un factor de cambio estructural a favor de la colectividad.

La historia del cooperativismo tacambarense se remonta a principios del siglo pasado cuando
representantes de la Iglesia católica realizaron los primeros intentos para promover la
organización comunitaria a través de las cooperativas. Sin embargo, no fue sino hasta los años 50
que este tipo de iniciativas lograron fructificar, derivando en la Unión de Cooperativas de
Tacámbaro, integrada por la cooperativa de producción “Cupanda”, la de consumo “Mi Casa” y la
de ahorro y préstamo “11 de Abril”.

“Han sido años de lucha, de desvelos, de servicio social y de verdadero altruismo de los dirigentes
cooperativistas. Un largo periodo en que los tacambarenses han demostrado su capacidad
organizativa y su profundo espíritu de servicio…motivados solamente por hacer de Tacámbaro un
pueblo ejemplar, capaz de salir adelante por sí mismo, sin esperar que otros vengan a resolver sus
problemas”, de acuerdo con la Pastoral Social de la Diócesis de Tacámbaro.

Recientemente, quedó constituida Pitamich, primera cooperativa de producción y venta en común
de pitahaya, integrada por campesinos de Tacámbaro, Turicato y Nocupétaro, quienes, incluso, ya
tienen opción de exportar la fruta a Estados Unidos.

De igual manera, alrededor de 150 productores de mango de los municipios de Tacámbaro y
Turicato, acordaron iniciar proceso para la conformación de una cooperativa, con la finalidad de
ampliar sus opciones de comercialización y mejorar sus procesos productivos, considerando que
hoy son presas del nefasto intermediarismo que castiga los precios del fruto y, por ende, los
ingresos de cientos de familias campesinas.

Sin duda, tales iniciativas han sido posibles gracias a la colaboración conjunta de dependencias del
gobierno federal y estatal, organizaciones cooperativistas, instituciones educativas y, por
supuesto, el deseo de los productores de organizarse bajo criterios cooperativos y solidarios para
proyectar empresas de propiedad colectiva que ponen en el centro a las personas y sus
necesidades más apremiantes.

No hay que olvidar que las cooperativas son un modelo probado que contribuye a fortalecer el
tejido social, fomentando la colaboración y el trabajo en equipo, los lazos comunitarios y la
solidaridad entre los miembros y, desde luego, generan empleos locales y mejoran la calidad de
vida de las familias involucradas.

El movimiento cooperativo de Tacámbaro y municipios aledaños se verá fortalecido con las nuevas
cooperativas, para seguir siendo un referente a nivel estatal y nacional, que brinda pistas para
reproducirlo en otros lugares con el propósito de continuar abonando en la construcción de
alternativas económicas y sociales basadas en la solidaridad, la cooperación, la ayuda mutua y la
democracia, y así combatir los daños sociales y económicos que ha ocasionado el neoliberalismo.

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