Hace medio milenio, los hombres rubios, blancos que se creían eran dioses, cometieron la
salvajada de asesinar, con los peores métodos a quien fuera nuestro último rey purhépecha, esa
barbaridad no se ha podido justificar por ningún motivo, en el paso de los siglos, a pesar de que se
diga que los hombres que hicieron esa barbaridad, eran gente de razón, que nos llegaron a decir
que ni alma teníamos.
No ha sido fácil entender todavía, como siendo millones de indígenas en América, una partida de
criminales nos somete fácilmente, usando el terror. En Michoacán de alguna manera, ya sabíamos,
con anticipación, que todo acabaría después de que los templos se derrumbaran misteriosamente,
luego de que una mujer fue trasladada al cielo, donde asiste a una reunión de dioses, allá por
Zinapecuaro, que expresan que pronto estarían aquí hombres en grandes bestias, para imponer
una nueva religión y dirigencia, ante ello no se podía hacer nada.
Pero no hubo cosa tal de la primera, pues los extraños venían enfermos, creían que podían
curarse con grandes cantidades de oro, metal, joyas que dócilmente les entregaríamos. A pesar de
que se les da inmensamente eso, no tuvieron piedad con Tangaxhuan, querían más. Le
aprehenden, queman sus pies para que confesara, en que isla del lago de Pátzcuaro estaban los
tesoros de Curicahueri y Nana Cutzi, eso aún no se ha podido encontrar, otras gentes los siguen
buscando en 2025.
A nuestro rey, en plan de conquista, le obligan para que acompañe a los feroces extranjeros, que
traían armas nuevas, desconocidas, como canes adiestrados que despedazan niños, mujeres o
ancianos, mientras reían sus adiestradores, con un bárbaro, inhumano espectáculo. No se sabe,
pero lo cierto es de que murieron asesinados millones de indígenas, por eso entendemos y
repudiamos las actuales guerras.
Le forman un juicio a Tangaxhuan en tierras cercas de la actual Zamora, traidoramente le acusan
de haber ordenado la muerte de varios españoles, de exigir a los pueblos el que ya no dieran
metales preciosos a los invasores. La pena fue, de qué fuera atado a la grupa de un caballo para
ser arrastrado envuelto en un petate, llevando encima a un invasor que gritaba
enloquecidamente, y daba reatazos al cuerpo del soberano. Después es colgado, cubierto de
sangre, sin expresar lamento o piedad alguna, veía atentamente a todos los que le condenaron.
Eso les produce miedo a sus verdugos, por ello lo queman, después de que Curicahueri lo
convierte en cenizas, los conquistadores, como gracia permiten que esos restos mortales los
recojan los michoacanos para dar cumplimiento a la última voluntad del emperador: “Esparzan
mis restos por los pueblos que tanto amé, para que siempre me tengan en su mente”.
En Pátzcuaro se le levanta un bello monumento, que no gusta del todo a la primera presidenta
municipal, quien manda hacerle una modificación, tapar una parte que le parece ofensiva para la
vista de todos. El sacrificio de Tangaxhuan fue un 14 de febrero hace quinientos años, no lo
olvidemos. (RRF)

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