Por ser México una gran nación, resulta difícil entender muchas cosas, sucesos actuales y
pasados, uno de ellos tiene que ver con la obra de Don Vasco de Quiroga, quien conoce mucho del
exterminio, destrucción de muchas comunidades indígenas en el área del lago de Pátzcuaro.
Cuando llega a la actual Ciudad de México, le conmueve observar en las acequias a muchos niños
ahogados, pues sus madres preferían eso, al saber lo que les esperaba estando en las manos de
sus verdugos. Con profunda tristeza, veía como los nativos merodeaban por los mercados,
esperando que salieran los perros, puercos de los mismos, para buscar entre los desperdicios algo
que comer.
Al llegar los invasores todo se pierde, la agricultura, las industrias, de ahí que los aborígenes, para
sobrevivir se trasladan a las montañas, llevando una vida miserable. Don Vasco para llamar la
atención de quienes se remontan a esos lugares, hace lo que hoy conocemos como torito de
carnaval. Al tenerlos en su presencia les invita a formar una nueva comunidad que se establece en
Santa Fe de la Laguna.
Tata Vasco con sus recursos, adquiere un amplio espacio, para poner en práctica lo que lee en la
obra “Utopía” de Tomás Moro, una comunidad que es edificada por los mismos indígenas, se
instalan varias familias, que realizan lo que ya sabían, cultivar las tierras, con sus esposas e hijos,
después de que éstos adquieren enseñanzas en lo que llamaríamos colegio.
Para vivir en orden o buena policía, se reúnen para nombrar cada año a sus autoridades, que
podían removerse en el caso que se observara en ellos malas conductas. Quienes cometían alguna
falta grave, eran expulsados de la comunidad. De lo obtenido en el campo, ganadería, de los frutos
que brindan los montes como miel, se ofertaba una parte, el dinero obtenido se guardaba bajo
tres llaves para satisfacer las necesidades de la gente; se ayudaba a los peregrinos, viudas,
enfermos, a la gente mayor. Este humanismo por supuesto que irrita a los españoles,
principalmente a los que se les había entregado pueblos enteros, cientos de personas para que
estuvieran a su servicio.
Todo lo que se necesitaba lo producía la población, igual a como lo hace México durante muchos
años en el siglo XX, tenía un modelo de sustitución de importaciones, sólo se compraba lo más
indispensable en otros países. Hoy la situación ha cambiado mucho de lo que necesitamos, como
el maíz se debe comprar cada día más. Ese fue el legado de Don Vasco, que necesitamos estudiar
paras saber que hay una alternativa para salir de la actual parálisis que padecemos. Ese
descubrimiento en el siglo XIX trata de replicarse en Uruguay, en otro pueblo del Sur donde
muchas gentes, crean libremente un pueblo autónomo, en todos los aspectos, sin embargo, al
poco tiempo ese espacio fue tomado a sangre y fuego para terminar con esa alternativa de
sobrevivencia. La obra de Quiroga desde hace tres décadas, se practica en varios pueblos
chiapanecos. (EFE)

Compartir: