A pesar de que muchas personas han fallecido desde hace mucho tiempo, aún siguen provocando
enojo y, no se diga los que todavía viven, como es el caso reciente de Felipe Calderón Hinojosa
cuya estatua fue derribada por un árbol, quizás porque colocan su efigie muy cerca de quien nos
brinda oxígeno y cumple la misión de atrapar gases venenosos.
En mala hora a los jarochos se les ocurre colocar una estatua de Obrador en el puerto, y más
tardaron en ponerla que en ser derribada, por algunos de sus malquerientes. En Morelia,
Michoacán se echa al suelo una estatua del Virrey de Mendoza, el mensaje no lo entiende el
gobierno y, por el famoso acueducto ponen una representación donde un español, ordena a varios
indígenas trabajar y cargar pesadas lozas como esclavos.
Pátzcuaro no se queda atrás, una avenida se llamaba como el héroe de la Batalla de Puebla, se
promueve que se quite ese nombre para poner otro. En Querétaro en las lujosas mansiones,
durante el Bicentenario de la Independencia se colocaron imágenes de Agustín de Iturbide, nadie
comenta o dice nada.
La primera presidenta municipal de Pátzcuaro, considera vergonzoso que Tangaxhuan muestre
sus partes nobles, y varios lugareños dicen que manda ponerle un taparrabo, como se hace con los
ángeles de la Capilla Sixtina en Roma pintados por Miguel Ángel.
En Quiroga, nadie protesta cuando en el desfile del 20 de noviembre, una escuela lleva un
estandarte con la imagen de Victoriano Huerta, nadie se espanta ante ese hecho quizás inédito en
México.
En Tampico, muy engalanado Porfirio Díaz, mira desde lo alto de un corredor a la plaza. Todo se
permite, supuestamente porque ya no hay prejuicios. Los que de plano no se salvaron, fueron las
figuras de Fidel Castro Ruz y El Che Guevara, la máxima autoridad dela delegación en la Ciudad de
México, en donde se colocan, ordena quitarlas porque ofenden al sagrado sistema en que vivimos,
temiendo que en la noche se levanten para aconsejar con sus exóticas ideas a gente inocente. La
autoridad en manos de una mujer, dice que las rifara para no tener que volver a colocarlas. Nadie
protesta, está bien, tiene quizás razón la autoridad. (RF)