Solamente un expresidente de Pátzcuaro ha declarado la guerra a los plásticos, lo increíble la
mayoría responde muy bien, hoy son contados los negocios que ya no dan el peligroso material,
que para fabricarse requiere de 16 mil sustancias tóxicas, de ellas 4 mil se ha comprobado que son
dañiñas.
Los científicos no saben qué efectos, a largo plazo sufrirán nuestros cuerpos, que es almacén de
millones de pequeñas partículas casi invisibles, que llegan a todos nuestros órganos. Nada en el
planeta ha escapado al dominio de ese material, en las montañas más altas del planeta, en los
polos o profundidades de los océanos hay plásticos, los investigadores aseguran que es un mito,
una creencia de que los plásticos puedan reciclarse. Cada año, al mar van 23 millones de toneladas
de plásticos, muchos de ellos, el 60 por ciento se usa sólo una vez.
Quienes en gran parte producen la contaminación de plásticos, son los países altamente
desarrollados como EUA, que cada día utiliza 500 millones de popotes o pajillas. “Antes”, en
Pátzcuaro era buena costumbre servir la comida, las gelatinas en platos de Tzintzuntzan y vasos de
cristal. Todo mundo iba al mandado con su bolsa de yute.
Hoy lo que predomina desde hace cuarenta años es el unicel, las bolsas, cucharas de plástico,
toda fiesta es inimaginable sin esos materiales. “Antes” era obligación del Estado, poner fuentes,
bebederos de agua, en las escuelas. Desde el Barrio Fuerte, hasta el embarcadero o muelle
principal había surtidores, todo eso se destruye, para que nos acostumbráramos al líquido
embotellado, hoy millones de botellas dominan suelos y mares. Hoy muchos somos insensibles
ante el negro panorama que se está dejando a los niños del mañana, esa es la lección que les
damos los adultos. (RF)