A pesar de que los partidos políticos están divorciados del pueblo mexicano, éste debe pagar su
funcionamiento cada año, en el actual se les dará más de siete mil millones de pesos. Muchas de
sus relevantes figuras, quienes se encuentran al frente de ellos, seguramente ni siquiera han leído
sus principios o estatutos, con alegría les da lo mismo estar en cualquiera.
El poder los necesita, porque ellos son los que justifican con su silencio, un mar de agresiones a la
gente, nunca los partidos han dicho ésta boca es mía para condenar la desaparición de miles de
personas, los continuos feminicidios, los ataques de los gobiernos norteamericanos a nuestra
soberanía o independencia.
Ante la pérdida de muchas riquezas, cuyo dueño era la sociedad entera, los partidos son la última
trinchera en donde es posible hacerse de muchos recursos económicos. Una minoría se ha
adueñado de ellos, para convertirlos en refugio seguro de quienes han sido señalados por cometer
una y mil tropelías, como quien es el dirigente del Revolucionario Institucional, Alejandro Moreno
Cárdenas. Otros después de huir, regresan cobijados con un escudo que se llama fuero, que tiene
por ejemplo Ricardo Anaya del PAN, para no responder por un señalamiento, como fue haber
recibido dinero para que los senadores panistas avalaran la reforma energética de Peña Nieto, o la
reforma educativa que arrebata a los chamacos normalistas sus empleos después de prepararse.
Los partidos han encubierto, tapado muchas fechorías como la desaparición de estudiantes, la
intromisión de EUA en Sinaloa, a los muchos robos de los gobernantes, que elegantemente llaman
enriquecimiento ilícito, peculado, cohecho, fraude, moche, desfalco, tranza. Ellos son un obstáculo
que no permite la organización independiente del pueblo, pues se ostentan como los “únicos”,
LEGALMENTE, que pueden realizar cualquier tipo de actividad política. (FRR)