Fidel Rodríguez Ramos
Con enorme paciencia, desde 1982 comienza a destruirse un modelo de desarrollo propio, que
penosamente se había construir gracias al fuerte apoyo del Estado, que se involucra para tener
una poderosa industria eléctrica, el control sobre inmensos yacimientos petroleros, sus ingenieros
de Pemex eran llamados al Medio Oriente para apoyar a los pueblos que habían nacionalizado sus
enormes recursos de hidrocarburos que disfrutaban Inglaterra y EUA.
Los campesinos fueron el soporte para desarrollar una fuerte industria siderúrgica; Telmex, la
fabricante de zapatos Canadá eran orgullo mexicano internacional. Los trabajadores disfrutaban
de buenos salarios, salir de las universidades garantizaba ingresar a alguna de las muchas
empresas que manejaba el Estado. Pero a ellos se les ve como un peligro, da lugar a que se les
controle a través de los sindicatos, dirigentes charros que no pueden detener el accionar de
médicos, ferrocarrileros, maestros.
Golpe mortal hace Carlos Salinas que acaba con todo, si hoy existe el problema del narcotráfico,
se explica en mucho por la torpe decisión de que él haya hecho de la tierra una simple mercancía,
que arroja a millones de labriegos hacia las ciudades y a EUA. Al ya no poder competir frente a
campesinos de Norteamérica y Canadá los que se quedan prestan sus tierras para producir
estupefacientes.
Salinas vende todo, como Telmex que vuelve a su nuevo dueño en el hombre más rico del
planeta. Creyendo que gracias a ello el Estado ya no tendría el problema de invertir dinero para
extraer petróleo, minerales, generar electricidad. Ello afecta a la nación, que se ve obligada a
llamar empresas extranjeras que vinieron a lucrar con todo, sin que les importará generar
empleos, respetar los derechos de los trabajadores.
Se descuida todo, pues los problemas lo resolvían fácilmente los presidentes pidiendo enormes
préstamos que fueron a parar a los bolsillos de unos cuantos, se derrocha. Vinieron extranjeros
que pidieron la desaparición de sindicatos, se dedican a maquilar, armar autos, televisores de
plasma, piezas de la industria militar o aeroespacial, pagando salarios nueves veces menos que a
los que se pagaban en EUA. Las nuevas empresas, que manejan la banca, la industria hotelera, los
grandes grupos comerciales logran fabulosas ganancias, que inmediatamente envían a sus países,
sin invertir nada en México, en nuevos proyectos. Igual actitud, guardan los pocos empresarios
mexicanos que llevan su dinero al extranjero y o se dedican a crear empleos en América del Sur o
China.